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Katy Perry hizo un lugar en su apretada agenda para conversar con su amigo Derek Blasberg sobre el amor, la vida en gira y aprender a lidiar con la fama. 

Lea la historia completa de la edición de Vogue Australia de agosto de 2018:

Son exactamente las 3 p.m. y estoy parado en la esquina de Boulevard Saint-Germain y Rue Saint-Benoît de París. Estoy usando una remera polo de cashmere manga larga y estoy empezando a sudar. 

Katy Perry, estrella del pop internacional y mi amiga menos puntual, llega 30 minutos tarde al almuerzo en Café de Flore y estoy empezando a preocuparme por mi vuelo de regreso a Nueva York esta noche. Sabía que esto pasaría. El año pasado, para la fiesta de los Oscar de Vanity Fair, le mentí y le dije que teníamos que estar una hora antes para solo llegar 15 minutos tarde. El año anterior, la busqué para ir a la Gala Met, y cuando llegué para recogerla a la hora señalada, todavía tenía puesta una bata de baño, porque decidió aclararse las cejas en el último momento.

A las 3:10 p.m. saco mi teléfono. “Señorita, tengo un vuelo”, le envío en mensaje de texto, sintiendo las gotas de sudor debajo de mi camisa y goteando por la parte baja de mi espalda.

“¿Recuerdas cuando dijimos que nos veríamos a las 2:30 p.m. y dije que llegaría tarde?”, responde ella. “Nunca miento”. Maldita sea, ella tenía razón.

El almuerzo con Katy es siempre "picante", que es el término que acaba de enviar por mensaje de texto para describir mi estado de ánimo actual. 

Debajo de su gran voz, Katy es una genia de la cultura pop y una extrovertida. Ella tiene un oído para los detalles y un toque de comedia que me recuerda a Lucille Ball de joven. 

La última vez que la vi para almorzar en Los Ángeles, se presentó en el Hotel Beverly Hills con una gorra de béisbol que decía: “Nueva Vida: No Tan Nueva”. En circunstancias normales, como cuando no tengo que tomar un vuelo y trabajo que hacer, que en este caso es esta entrevista, estoy feliz de esperarla. Por un lado, es el momento ideal para ponerse al día en Instagram. Aún así ella siente mi pánico.

“¿Estás revisando el equipaje, princesa?”, escribe ella. “Literal, no emocional”.

“Cada vez que vuelo mi equipaje emocional tiene sobrepeso”, respondo.

“¡Tweet!”, responde Katy, que es, por cierto, la persona más seguida en Twitter.

“¿Es esto un sabotaje?”, pregunto.

“Nah, es más profundo que eso”, escribe. “Quiero lucir mejor con todo el cabello y el maquillaje, porque soy consciente de mí misma”.

Al no haber logrado convencerme de que no me perderé el vuelo de esta noche, anuncio: “¡Estoy empezando la entrevista ahora mismo por mensaje de texto!”

“¡Pensé que ya lo habías hecho!”, dice ella.

Sonrío mientras leo el texto y miro hacia arriba desde mi iPhone para ver una camioneta plateada que baja por el Boulevard Saint-Germain, seguida de cerca por motocicletas de motor agresivamente manejadas. La camioneta se detiene bruscamente directamente a mis pies y aparece Katy vestida con un mono de satén. Los paparazzi intentan perseguirla al café con sus cámaras, pero ya nos hemos metido en un cómodo rincón reservado de atrás. Como dos turistas estadounidenses, pedimos sopa de cebolla francesa y un croque madame. Miro mi reloj, veo que son las 3:22 p.m. y le digo: “Mejor habla rápido”.

He trabajado en el remolino de la industria de la moda durante casi dos décadas y en ese momento he conocido a una buena cantidad de celebridades. Pero hay una breve lista de algunas personas que trascienden el mero hecho de ser famosas, y el Papa está en la cima. El pasado abril, Katy viajó a Roma para una audiencia con el director de la Iglesia Católica y de esto es lo primero que quiero hablar. “Comenzó cuando estábamos en el continente asiático con mi gira y fui a misa con mi madre”, me dice Katy. “No había cantado esas canciones en 40 años y al verla me hizo llorar. Es tan hermoso y humilde volver a centrarse en un lugar donde no se trata de otra cosa que reconectarse con lo divino”.

Como canta en su éxito de 2010 con Snoop Dogg, Katy es una verdadera chica de California. Nació en Santa Bárbara, y fue criada por Mary y Keith, dos pastores pentecostales, aunque la primera haya crecido como católica. Katy comenzó a cantar desde niña y se fue de casa a los 15 años para seguir una carrera musical. Como era de esperar, su primer megahit, ‘I Kissed A Girl’ de 2008, no fue platino en la mesa familiar. “Mi madre ha rezado por mí toda la vida, con la esperanza de que regrese a Dios. Nunca lo dejé, solo me desconecté un poco, era algo más materialista y estuve más impulsada por mi carrera. Pero ahora que estoy en mis 30 años, se trata más de la espiritualidad y la integridad del corazón”.

Katy es una defensora de la Fundación David Lynch, que aboga por la educación de meditación trascendental. Bob Roth, delegado de la dicha fundación, la invitó a hablar sobre su experiencia y los beneficios de la meditación en una conferencia de salud en Roma co-creada por el Pontificio Consejo para la Cultura. Ella aceptó fácilmente. “Soy una gran admiradora del Papa Francisco. Es una combinación de compasión, humildad, serenidad y diferencia. Él es rebelde, un rebelde porJesús”. Katy enumera algunos hechos papales, incluido el hecho de que se nombró a sí mismo por Francisco de Asís, su santo favorito, y que se atiene a su voto de pobreza a pesar del espléndido entorno del Vaticano. “Está llevando a la Iglesia al camino de la humildad para conectarse con las personas. Es muy humilde y no es para menos”. También es una amante de los animales y a menudo se lo representa rodeado de criaturas de la naturaleza, lo que le recuerda a su personaje favorito de Disney, Blancanieves.

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Cuando Katy se encontró con el Papa, trajo a dos personas con ella: su madre y Orlando Bloom. Katy es protectora de su vida amorosa, debido a la dolorosa disolución de su matrimonio con Russell Brand en 2012, que fue captada por las cámaras en ‘Part Of Me: La Película’ que siguió a su gira California Dreams, así que pisé el territorio de Orlando con extrema precaución. “Está bien mencionarlo,” dice con inquietud.

Este es el problema: cuando se habla de la vida amorosa de personas famosas, a menudo eclipsa todo lo demás en una conversación. Cuando Katy Perry, una de las estrellas del pop más exitosas del mundo, se encuentra con el Papa, posiblemente el hombre más importante en la religión, las imágenes llegan a Internet y la prensa resultante no tiene nada que ver con la concesión o la iluminación espiritual. “No quiero que sea un titular histórico, porque se aleja del propósito”, dice, masticando el queso pegado en la cuchara de su sopa de cebolla. “Además, es extremadamente misógino. Por supuesto, amo mi relación, pero esa es una parte de mí, y no quiero que se disminuya ninguna parte de lo que hago. Pero, para que conste, con Orlando estamos bien.”

El ruido de ser una persona pública es un problema con el que Katy luchará por el resto de su vida. “Siempre habrá ruido,” se encoge de hombros. En el último año, su grupo de amigos estuvo para ella mientras desarrollaba herramientas para controlar lo que le afectaba. En enero pasado, asistió a un programa de una semana en Hoffman Institute, un retiro de crecimiento personal en California que, según su sitio web, “Ayuda a los participantes a identificar conductas negativas, estados de ánimo y formas de pensar que se desarrollaron inconscientemente y que fueron condicionados en la infancia”.

Katy explica: “Durante años, mis amigos iban y venían completamente rejuvenecidos, y yo también quería ir. Estaba lista para dejar ir todo lo que me impedía ser mi "ser definitivo". Tuve ataques de depresión y mi corazón se rompió el año pasado porque, sin saberlo, puse tanta importancia en la reacción del público, y ellos no reaccionaron de la manera en que esperaba... lo que me rompió el corazón.” Después de una década de éxitos consecutivos y récords –ella empató a Michael Jackson por la mayor cantidad de éxitos No. 1 en un solo disco en 2011–, su carrera alcanzó un nivel estable con el álbum Witness de 2017. “La música es mi primer amor y creo que fue el universo el que dijo: ‘Bueno, hablas todo este lenguaje sobre el amor propio y la autenticidad, pero vamos a someterte a otra prueba y quitarte cualquier tipo de validación. Entonces veremos cuánto realmente te amas a ti misma.’ Ese quebrantamiento, más el hecho de que me abría a un poder mayor y superior, me reconectaba con la divinidad, me dio una plenitud que nunca tuve. Me dio una nueva base. No es solo una base material: sino una base para el alma.”

Al igual que el arreglo para un iPhone que sigue congelado, su semana en el programa Hoffman fue un reinicio del sistema. “Creo que, esencialmente y metafóricamente, todos somos computadoras, y en ocasiones adoptamos estos virus a través de nuestros padres o mediante la educación que recibimos. Empiezan a desarrollarse en nuestro comportamiento, en nuestros patrones de adulto, en nuestras relaciones.” Su tiempo en Hoffman aparece a menudo en una conversación y nunca se aparta de la discusión sobre la salud mental. De hecho, ella le dio certificados Hoffman de regalo a sus amigos cuando los ve luchar. “Lo recomiendo a todos, mis buenos amigos y otros artistas que buscan un gran avance. Hay muchas personas que se automedican a través de la aceptación del público, a través de sustancias, a través de huir continuamente de sus realidades: negación, abstinencia. Lo hice durante mucho, mucho tiempo también”.

Después de Hoffman, su mayor logro fue que no hay conexión entre la creatividad y la agonía, y el ideal del artista torturado es una falacia. “Recientemente estuve con alguien que me preguntó: ‘Bueno, ¿no crees que si haces demasiada terapia te quitará tu proceso artístico?’. Y le dije: ‘La mayor mentira que nos han vendido alguna vez es que nosotros como artistas tenemos que permanecer en el dolor para crear’.”

Anoche asistí al concierto de Katy aquí en París con el productor musical ganador del Grammy Mark Ronson; el artista musical Beck; y el icónico diseñador de moda francés Jean-Paul Gaultier. Katy sabe cómo montar un espectáculo, el ‘Witness: The Tour’ –su cuarta gira mundial, que finaliza en Australia en agosto– incluye: pirotecnia, flamencos gigantes, acróbatas voladores, una boca gigante que mastica su mitad de la canción y un deslumbrante planeta que ella monta por encima de su audiencia gritando y devota como una vaquera galáctica. Pidió a la audiencia que la ayudara a cambiar las palabras de su exitosa canción Hot N Cold en su traducción al francés, “Chaud et Froid”.

Katy es una artista nata. He visto este espectáculo en Nueva York; St Louis, Missouri; y ahora en París. Soy alguien que está viendo a alguien hacer lo que se le asignó en esta vida. “Me encantan todos los aspectos del arte de los conciertos. Me gusta soñar, fantasear, inventar un mundo nuevo. Durante años, he estado diciendo: ‘¡Creo que sería muy divertido volar en una nube de algodón de azúcar por encima de la audiencia!’ para que mi equipo diga: 'Bueno, veamos las matemáticas y si es posible.”

Para Katy, la parte más difícil es la resistencia: es un espectáculo de dos horas y ella está en todos los actos. El show de anoche fue el número 76 y para cuando la gira termine en Australia, lo habrá realizado casi 120 veces. Anoche, observé uno de sus cambios rápidos. Ella es apresurada bajo el enorme escenario por un controlador mientras se cuelga en una barra de metal que está suspendida del techo. Un reloj que cuenta 120 segundos mientras cuelga como un bebé desnudo y un equipo de cinco personas le quita un disfraz y para ponerle otro, se cambia de zapatos, retoca su maquillaje, vuelve a peinarse y toma Gatorade de naranja de una taza para sorber. Publiqué un video de uno de estos cambios en Instagram, en el que se dirige a la cámara y dice: “Esto es lo que hacen las estrellas del pop cuando piensas que están fumando droga y pasando el rato detrás del escenario esperando a que aparezcan. ¡Pero es diferente!” En el video, se abrocha un maillot de cuero negro con una pierna en tul de lunares con volantes, y cuando regresa al escenario, dice: “¡Trabaja muy duro por tu dinero!”. El video se volvió viral.

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El concierto muestra todos los aspectos de Katy: “Ves el empoderamiento, la vulnerabilidad, la torpeza y la inteligencia también. Es decir, ves todo esto cuando desafío a Left Shark a bailar en un piano gigante.” Algunos artistas evitan Australia porque no es barato –el equipo que comprende el recorrido del Witness: The Tour requiere 28 camiones–. Pero Katy dice que estaría allí, incluso si eso significaba un punto muerto. “Gasto mucho dinero porque quiero montar un gran espectáculo. Entiendo que la atención de los niños se disperse en estos días: están en sus teléfonos todo el día y teniendo un billón de dopamina por segundo, por lo que la idea de asistir a un show de música tiene que ser especial.”

Para mí, la parte más convincente de su documental fue ver cómo trabaja profundamente dentro de sí misma antes de cada actuación. “A veces no me siento al 100% y me siento extremadamente estresada por la diferencia horaria, o tengo problemas personales con los que tengo que lidiar justo antes de subir al escenario”. De alguna manera, cuando llega el momento ella lo encuentra. Le digo que creo que todas las mujeres pueden identificarse con la idea de lidiar con algo que es completamente devastador: “y sonriendo a través de tu angustia”, ella me interrumpe y termina mi pensamiento. “Estoy agotada. Me siento como una bolsa de plástico, para citar mi propia canción, al final de cada gira.”

Nuestro almuerzo ha terminado y, vean esto, Katy mira su reloj y me dice que llega tarde y tiene que irse. Estaba tan obsesionado con hacer mi vuelo que me había olvidado por completo que ella presentaba su segundo concierto en París, su parada número 77 del Witness: The Tour. Cuando yo esté volando a 9,000 metros sobre el Océano Atlántico, ella estará volando por encima de más de 20,000 'KatyCats', cantando Firework.

Ella paga la cuenta, aunque lo intenté. La escolto hasta su camioneta repleta de paparazzis y luego tomo un taxi hasta el aeropuerto Charles de Gaulle. Cuando llego al punto de control de seguridad, tomo una foto del pase VIP del espectáculo de anoche en uno de esos contenedores de plástico que salen de la máquina de rayos X. Le envío el mensaje de texto para decirle que llegué al aeropuerto con mucho tiempo libre.

“Posible titular,” le envió por mensaje de texto. “Llegué tarde pero valió la pena la espera.” Maldita sea, ella tenía razón otra vez.





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